Sobre el No Saber

Constelaciones familiares, no saber

No saber es nuestro estado natural. De niños, la apertura que nace de no saber nos ayuda a descubrir el mundo. Tú y yo somos exploradores por naturaleza… y, sin embargo, al llegar a la edad adulta — en gran parte por nuestras experiencias escolares — hemos aprendido a asociar el no saber con mucha ansiedad y frustración. Y eso que hay innumerables maneras de vivirlo.

Puedes experimentarlo como una incertidumbre angustiosa, como cuando en el colegio te preguntaban algo y no sabías la respuesta. Puedes vivirlo como curiosidad, como una fuerza que te impulsa a descubrir. Incluso puedes experimentar el no saber como una puerta situada entre lo conocido y lo desconocido.

Esa puerta se abre mediante una combinación de atención despierta, abandono de las ideas preconcebidas y receptividad. Y puede convertirse en una verdadera fuente de inspiración.

Una experiencia poco habitual en las constelaciones familiares

Fue durante las constelaciones familiares cuando empecé a prestar atención a esta otra forma de no saber. Facilitaba constelaciones en silencio, en las que los representantes no hablan. En algunas ocasiones, incluso manteniendo toda mi atención, aparecía el no saber: no tengo ni idea de qué está pasando ahora mismo.

Al principio, cuando todavía tenía poca experiencia, me tensaba si no conseguía comprender inmediatamente lo que estaba ocurriendo. Y entonces el movimiento de los representantes se detenía. Una vez, manteniendo toda mi atención, solté las riendas. Me eché hacia atrás y me dije: ahora mismo no tengo ni idea de lo que está pasando. En ese instante desapareció la tensión y fue como si se abriera una puerta: el campo y los participantes volvieron a moverse, y desde ese estado de no saber pude reconocer lo que estaba ahí.

Desde entonces elijo conscientemente el no saber. Me gusta trabajar con él y ya no me da miedo.

La posibilidad que encierra el no saber está justo delante de nosotros

Esta puerta también está abierta para ti, en cualquier momento en que reconozcas que no sabes y esa incertidumbre esté a punto de llenarte de ansiedad. ¡Recuerda que eres explorador por naturaleza!

Estás acumulando experiencias en cada momento, también ahora, mientras lees estas líneas. Cuando limpias. Cuando trabajas, negocias o tomas un café. Cuando cuidas de tus hijos. Cuando tienes una cita, amas, te enfadas, haces el amor, acoges o rechazas.

¡No tienes que saberlo!

En cada instante existe la posibilidad de descubrir algo si vuelves tu atención hacia ese momento en el que no sabes qué está ocurriendo. Y también cuando estás completamente seguro de que sabes perfectamente lo que pasa y, aun así, te permites no saber. Al entrar en el no saber, sales por un instante de tu perspectiva anterior, dejas atrás lo habitual y el mundo vuelve a convertirse en aquel espacio — o quizá aquel patio de juegos — que estaba esperando ser descubierto cuando eras niño…

¿Por qué no podrías tener más momentos así?

La mente quiere saberlo todo

Por eso busca constantemente respuestas y soluciones —o al menos eso es lo que te hace creer. En realidad, no deja de producir nuevos problemas. La maravillosa observación atribuida a Woody Allen, "cualquier problema puede volverse irresoluble si pensamos en él durante suficiente tiempo", contiene bastante verdad.

Ante cualquier situación en la que te encuentres, existen infinitas razones y condiciones que hicieron posible que esa situación llegara a existir. Piensa, por ejemplo, en la camiseta, el vestido, la camisa o la blusa que llevas ahora mismo. ¿Qué tuvo que suceder para que esa prenda llegara a existir? Podrías remontarte perfectamente hasta los primeros seres humanos temblando de frío. Y para que precisamente esa prenda llegara hasta ti y decidieras ponértela hoy… ¿cuántas cosas tuvieron que ocurrir? Encontrarás una cantidad infinita de causas y condiciones.

Para no volvernos completamente locos dándole vueltas a todo, necesitamos tender un puente entre lo infinito y nuestros propios límites.

En esos momentos ayuda mucho poder dejarse caer en el no saber como quien se hunde en un sillón cómodo. Del mismo modo que te permites darle vueltas sin parar a una situación angustiosa, también puedes permitirte decir: «No tengo ni idea de qué hacer con esto. No sé qué está pasando. No sé cómo seguir».

Entonces suele ocurrir algo: de la niebla empiezan a surgir los detalles que son importantes en ese momento. No necesariamente de inmediato. Yo he observado que cuando respondía una y otra vez a una situación desde el no saber, al cabo de dos o tres días siempre aparecía algo. Simplemente veía hacia dónde podía moverme. 

¡No solo piensa la mente, también nuestra conciencia!

La mayoría de las personas confunde pensar con darle vueltas a las cosas, reflexionar compulsivamente, analizar o lamentarse. Todo ello se mueve dentro de círculos de pensamiento delimitados por nuestras palabras y conceptos.

Pero también existe una forma de pensar que ocurre sin palabras, en otro nivel. Cuando nos instalamos en el no saber, damos espacio a una conciencia sin límites que, mientras la mente lleva el mando, se retira respetuosamente. Nos deja jugar. Incluso cuando con ese juego nos hacemos sufrir una y otra vez. :)

Cuando damos espacio a una forma de pensar que va más allá de las palabras, se abre la posibilidad de reconocer nuevas conexiones y nuevas posibilidades. En definitiva, de ahí nacen esas comprensiones repentinas, la creatividad, la inspiración y la intuición creadora. No es otra cosa que un puente poderoso y amoroso entre el yo que vive dentro de sus límites y la existencia sin límites.